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Deforestación

Otro problema ambiental que merece la atención del ser humano, sobre todo en los países tropicales y en vías de desarrollo, es la deforestación y la fragmentación de los hábitats boscosos. Recordemos que hace unos ocho mil años el mundo tenía una superficie boscosa de unos 6,000 millones de hectáreas. Ahora, los bosques de nuestro planeta cubren no más de 4,000 millones de hectáreas, lo que equivale al 30% de la superficie terrestre. No más de la mitad de esta área está cubierta por bosques maduros no intervenidos, anteriormente denominados bosques primarios. De 1990 a 2005, América Latina y el Caribe perdieron alrededor del 64 millones de hectáreas de superficie forestal. En ese período la cobertura boscosa disminuyó del 51% al 47% de la superficie terrestre total en esta región. Mientras que la cobertura boscosa de la República Dominicana rondaba los 40,000 km2 al inicio del Siglo XX, en las décadas de los años veinte, treinta y cuarenta, se perdió de un 10 a un 15% de esta masa boscosa, dejando sólo unos 35,000 km2. Ahora, en la primera década del Siglo XXI, quedan apenas unos 14,000 km2 de cobertura boscosa dominicana, principalmente a raíz de la conversión de los bosques en extensas tierras agrícolas y ganaderas. Afortunadamente, el ritmo de la pérdida neta de bosque maduro dominicano últimamente se está disminuyendo de manera considerable, gracias a la siembra de árboles en plantaciones forestales y a la restauración de los bosques a través de la regeneración natural. El uso actual y la gestión moderna de los bosques demuestran que hay lugares que experimentan progreso y mantienen o recuperan su cobertura boscosa. Se espera que esta tendencia siga en las décadas que están por llegar.

Una de las causas principales de la deforestación ha sido la ocurrencia de incendios forestales a raíz de la acción humana. De hecho, el ser humano se ha convertido en la principal causa de incendios forestales, sobrepasando los factores naturales como los relámpagos. Muchas veces, la gente prende fuego, intencional o accidentalmente, alterando la estructura y la composición de la vegetación boscosa. Como resultado, se presentan incendios descontrolados a escalas inimaginables que queman miles de hectáreas de bosque húmedo tropical. La República Dominicana es uno de los países que sufre fuertemente de los impactos que causan estos incendios forestales. Allí, la mayoría de los fuegos son encendidos intencionalmente con fines agrícolas y ganaderos durante las épocas más secas del año. En vista de la magnitud de esta problemática, es clave que la población dominicana preste mucha atención al manejo de estos incendios forestales, de una manera coherente e integrada, y con un enfoque de ecosistema. En ese contexto vale la pena discutir el enfoque del manejo integrado de incendios forestales que va mucho más allá de las estrategias convencionales de prevención y extinción de fuegos. Incorpora acciones planificadas como las quemas controladas o prescritas, la participación comunitaria, y la aplicación de leyes. Ahora el reto es implementar esta técnica prometedora y manejar de manera integrada y exitosa los muchos incendios que amenazan a la biodiversidad de las selvas dominicanas y de la región caribeña en general.